El Signo de Efialtes

Recientemente, me he encontrado con algo que, en Mi opinión, debería ser una clara muestra de que lo que se viene llamando “Sabiduría Hiperbórea” no es ‘para cualquiera’, y mucho menos ‘para todos’.

No, no me refiero al exangüe circo de pastores y pastoras que, por temor e impotencia buscan seguidores como si no hubiera un mañana. En cierta forma, esta fauna de patéticos aspirantes a sacerdotes y sacerdotisas es inevitable y hasta positiva, pues hace de filtro. Pequeños “pinches tiranitos”, como diría Matus.

Me refiero a un caso de virya que sí se ha tomado en serio el estudio de la Sabiduría Hiperbórea y que, consecuentemente, ha estado muchísimos años estudiando, con toda la profundidad que ha podido, la Obra, por ejemplo, de Felipe Moyano. El caso es que el tipo de virya del que hablamos, por una cuestión u otra (falta de pureza, imposibilidad de superar lo anímico, centrar todos sus recursos en la razón, incapacidad de trascender mínimamente el arquetipo familiar, etc.), ha experimentado una Polarización Anímica y ahora ha decidido posicionarse contra la Sabiduría Hiperbórea. Aunque tampoco hemos de descartar que la profundización de los contenidos de la misma le haya hecho descubrir su verdadera naturaleza. Como quiera que sea, en el seno de cada virya OCURRE LA GUERRA ESENCIAL, de modo que, tarde o temprano, el virya tomará un posicionamiento relativo a cómo se va decantando tal Guerra.

Y ya lo dice Felipe en su Obra en una cita extraida de la Carta a los Elegidos y muy repetida aquí y allá:

“… la Sabiduría Hiperbórea no es apta para naturalezas débiles; el Iniciado Hiperbóreo debe exhibir un corazón de hielo y una voluntad de fuego.”

Un enunciado que queda muy bonito, pero que no es tan lindo de ver cuando ocurre con personas reales. Sobre todo cuando se trata de personas a las que durante muchos años hemos considerado “Compañeros de Batalla”…

En la cultura actual, concretamente en el cine, tenemos un ejemplo perfecto para acercarnos a una versión que describe magníficamente este fenómeno de polarización anímica. Se trata de lo ocurrido con el personaje Efialtes en la película “300”.

Así, aquí, en esta escena, vemos una analogía de cuando estos viryas perdidos descubren que no están –y nunca mejor dicho– a la altura de la Sabiduría Hiperbórea…

Y aquí, en esta otra escena, cuando se polarizan anímicamente y consuman la traición:

Saludos!

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La Herramienta de la Reducción

Entre las herramientas con las que cuenta el Héroe, el Buscador de la Eternidad, encontramos una de inestimable valor. Hablamos de la Reducción.

Pero, ¿qué es una reducción? Vamos a describirla siguiente manera: “síntesis, exposición breve o resumen manejable de un argumento de tamaño descomunal”. Por ejemplo, podemos decir: “agua que, debido a la temperatura que hay en la altitud desde la que cae, nos llega en forma de pequeños trozos de hielo” o podemos decir “nieve”. Así, la reducción bien podría ser análoga a la imagen del iceberg, donde esa parte minúscula del enorme témpano de hielo es similar a la expresión reducida, mientras que la totalidad del bloque de hielo sería análoga al tamaño real del argumento.

También podemos analogar la reducción a la idea de aquel refrán que dice: “cuando el sabio señala la Luna, el tonto le mira el dedo”. En este sentido esa parte del iceberg que está sobre la superficie es como ese dedo que señala, que apunta, que marca una dirección, pero que no es lo señalado. Exactamente como la punta del iceberg está señalando una realidad inmensamente mayor que la percibida a priori.

Sin embargo, este ejemplo no supone un verdadero ejemplo de las reducciones a las que nos referimos, pues nos referimos al tipo de reducción que deben realizar aquellos que están cambiando su contexto axiológico, o contexto de valores. O sea: a los que están mutando –o están en el intento– su matriz cultural, a los que están resignando el significado de todo cuanto les rodea, pues están cambiando el significado de la existencia.

Hasta aquí todo perfecto, pero hay que aclarar lo siguiente: con la reducción ocurre exactamente igual que con el Arte: “el mayor provecho de reducir –como al hacer Arte– lo obtiene quien lo realiza, no quien lo contempla”. O sea: el beneficio real lo saca quien obra la reducción, no quien la recibe. Exactamente como el Artista, cuyo beneficio es infinitamente mayor que el del espectador de Arte.

¿Por qué? ¿Por qué resulta que el reductor se enriquece más que aquel que recibe la reducción? Por varias razones:

Primeramente, podemos decir que el Reductor, como el Artista, realiza y observa, mientras que los que reciben la reducción únicamente observan. Y esto implica ya un beneficio mayor.

Pero vamos a ir más allá, porque la afirmación anterior está “muy reducida” y para ver bien el asunto será bueno “ampliar el argumento”. Para dar una buena referencia de lo que queremos señalar, usaremos el mismo ejemplo del iceberg. De modo que podemos afirmar que: “mientras que el Reductor contempla el iceberg completo, los que reciben la reducción únicamente contemplan la cima del mismo: lo que sobresale de las aguas”. Dicho de otro modo: “el Reductor contempla el argumento completo, mientras que aquellos que reciben la reducción, únicamente contemplan el argumento reducido”.

Como segunda ventaja vamos a señalar al hecho de que los argumentos reducidos por uno mismo son argumentos que no son sostenidos como dogmas, sino que han sido trabajados por la propia actividad, en vez de haber sido simplemente aceptados por que se delega o se confía en el criterio de aquel que entrega la reducción. Esto es: son fruto de una Actividad Mental Propia. En el caso contrario, en lo dogmático, nos encontramos con lo que nos entrega “el otro”: la Cultura, que básicamente nos propone argumentos –reducidos o no– que no hemos generado nosotros mismos, pero que pugnan por instalarse en nuestro ámbito mental “como si fueran nuestros”. Hemos de pensar que “lo que nosotros construimos, está bajo nuestro dominio, pero lo que nos es entregado, no tiene porque estarlo”. Evidentemente, si alguien realiza un análisis exhaustivo de una reducción ajena, entonces, si el análisis tiene una buena profundidad, quizá sea similar a cuando la reducción es propia. Pero siempre será preferible que sea uno mismo quien la realice.

¿Por qué? ¿Por qué será siempre mejor que uno mismo la realice? Pues no sólo lo será porque siempre es mejor no depender de otros y poder hacer las cosas por uno mismo, si no que, además, la actividad de reducir argumentos irá construyendo un poderoso mecanismo propio de interpretación de la realidad… Y este mecanismo no sólo nos valdrá para reducir y así resignar argumentos culturales, sino que, además, nos servirá para Integrar contenidos de lo Inconsciente.

Para terminar, afirmaremos que el Ejercicio de Reducción es una práctica propia de una vía para la Soberanía Mental. ¡Un auténtico TESORO!

¡Saludos!

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